Gran Mercado del alma...





                   El Gran mercado del mundo, dirigido por Juan Carlos Corazza se despide mañana en Conde Duque. Grandes asuntos, temas y fuerzas del Mundo y la Humanidad flotan  en la atmósfera y el lenguaje creado por estos magníficos y atrevidos actores bajo la mirada aguda y afilada de Juan Carlos Corazza. El verso vuela entre las pasiones como un pájaro loco que apunta a ningún lugar mientras despliega sus plumas llenas de colores y matices. La Historia de la Humanidad en Calderón,  a través del viaje de dos hijos que pudieran ser el mismo, a través de su entrada en el Mundo. El  viaje propio que todos hacemos con más o menos conciencia de la casa de los Padres hacia el Mundo. 

Como ecos nos llegan palabras misteriosas y alegorías de un mundo desgajado por la religión y adoctrinado bajo una moral dura, escindida y represora que aún se sostiene entre el Bien y el Mal, el Cielo y el Infierno.  Como si de un canto de sirenas se tratara la  propuesta nos invita a tratar de abrir nuestra imaginación, nuestra intuición y habitar un espacio donde la Historia (como tal vez La Vida), no está sostenida por personajes definidos ni identidades individuales y separadas, tan sólo fuerzas  y pasiones que  se encaraman en el alma de cada personaje tomándoles y moviéndoles como el viento mueve a las hojas, de tal modo que uno nunca sabe sabe que o  a quién ve, lo cual facilita poner el ojo en lo global,  quiénes son deja de tener importancia porque aparece la presencia de  que es lo que les mueve.  

El auto sacramental de Calderón se entremezcla con fragmentos de las obras de Shakespeare que no hacen sino seguir apuntado de manera certera y audaz  hacia las preguntas más incómodas  e inagotables que atraviesan la experiencia humana. ¿Quiénes somos? ¿Cómo se puede saber realmente  dónde está el bien o dónde se esconde el mal? ¿Existe esta dualidad? ¿De qué está hecha la vida?. 

Recordamos que las alegorías se usaban en el Siglo de Oro como  la concepción de crear a un personaje en representación de un valor, una pasión o  un arquetipo determinado.  Como si de alguna manera los antiguos fueran  portadores de un saber y una intuición más ancestral  que nos recuerda que hay mucho más de lo que creemos en el Mundo. Que hay fuerzas mayores que nos gobiernan y que cada una pujara por un hueco en nuestra alma, por un precio determinado y por un destino singular. El Gran Mercado de las pasiones, el gran Teatro de las bestias, como recordándonos que siempre de una manera u otra andamos vendiendo lo que compramos sin darnos mucha cuenta y como detrás de cada  cambalache habitara algo más sencillo que tiene que ver con el Amor, y con lo esencial de nuestra condición humana. Grandes textos, grandes guías escritas desde la antigüedad para un tiempo y una deriva que cada vez se olvida más de su esencia, de su saber ancestral y del Amor con mayúsculas. Entre las aventuras y el peregrinaje de los hermanos por el mundo hay momentos  misteriosos, místicos, dónde se nos invita a entrar en habitaciones donde sólo hay preguntas. El sueño de la vida, el teatro de las pasiones, y las máscaras que compramos y vendemos olvidándonos muchas veces de lo que existe detrás. Estos momentos de delirio místico  danzan entre escenas de mucho humor y ligereza, como si de alguna manera la profundidad, la dureza y la valentía de atreverse a abrir puertas relacionadas con lo más incomprensible e inquietante de la existencia humana también se acompañara de un distanciamiento necesario que parece invitarnos a no tomarnos tan en serio estos roles o este Mercado en el que todos vendemos y compramos. 

Una propuesta difícil, un reto, que los actores y Juan Carlos han sabido dar voz y vida, el verso vuela y el corazón palpita, la imaginación se abre hacia un mundo antiguo donde reina lo misterioso, dónde la muerte está más presente y la sangre más viva. Y eso nos lo cuentan con arrojo, corazón , audacia y alma.  Quizá en un momento en el que el Mundo está necesitando con urgencia sentir el valor  de la compasión, el valor de mirar hacia el nosotros más que hacia el Yo y no hacer tanto caso a estas ganas de comprar y vender que llevamos en la sangre desde hace ya tanto tiempo. Volver a esos lugares de apertura y respeto hacia lo sencillo  de la vida y recordar lo que nos une. Y seguir nuestro peregrinaje por la tierra un poco más libres, más compasivos y más entregados.   Gracias. 



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