¿Hacia dónde va el Teatro de hoy? La deriva de lo artístico
Atravesamos tiempos de mucha incertidumbre. Tiempos en que algo nuevo viene naciendo mientras lo viejo se va cayendo. (¡Por fin!). Tenemos un buen tinglado montado que requiere de flexibilidad y apertura hacia nuevas creatividades en modelos y formas de funcionar y de mirar. (nos). Respecto al mundo del espectáculo, creo yo conviene pararnos y ver que es lo que estamos colaborando a construir con nuestras acciones creativas. Puestas al servicio de qué o de quién. Creo yo que tanto el Teatro como el Cine hace tiempo han dejado de servir a las personas. De servir al crecimiento y a la toma de conciencia. De servir a la compasión y al desarrollo humano. Creo que hoy en día no es suficiente con actuaciones que alimenten el alma o la conciencia. Creo que algo nuevo está naciendo. Algo que tiene que ver con tipos de actuación diferente, no imperantes. No aristotélicas. Hay gente realmente brillante y talentosa que que está trabajando en esa dirección. La manera que conocemos es propia de nuestro sistema de pensamiento. Es la vieja milonga del actor identificándose con su personaje, interpretándolo, eso es lo se ha hecho siempre. Digamos que es la manera más clásica y oficialista de entender la interpretación. Pero también ha habido otras maneras de contar historias. Y creo que estamos en un momento en la historia de la humanidad que estamos obligados a ver y olfatear lo nuevo que está surgiendo. En un mundo donde cada vez se es más consciente de que lo que somos no está separado, de que es estúpido hacer que estamos separados cuando lo único que tenemos es a nosotros mismos. Un tiempo en el que estamos viendo y sintiendo la necesidad de estar juntos porque los viejos cuentos se han caído hace tiempo. Viejas formas de mirar el mundo desde un prisma únicamente individualista, nuevas formas que incluyen la visión individual pero que al mismo tiempo atisban que no es real del todo, pero que sigue siendo necesaria. A menudo veo como el acto artístico, creativo y ritual se sigue llenando de ansiedad y superficialidad, pretende ser lo de siempre, actores trabajando dignamente en sus personajes para contar las historias que deben contar porque es su trabajo. Pero volvemos a lo mismo, ¿de qué vale me pregunto yo más allá de la propia satisfacción y complacencia, poner el alma y la creatividad en trabajos dependientes de una industria enferma y ciega? ¿No es acaso el artista fiel reflejo de su tiempo, no es acaso el artista el que porta la luz de la creatividad y está abocado a reinventarse en su propio arte tomando como inspiración el espejo del mundo? ¿No vivimos la necesidad de juntarnos de verdad ante un mismo abismo? Pienso en actores entrenándose duramente sin haberse percatado de que hay otras líneas y direcciones. Pienso en que tal vez el viejo modelo también se está quedando obsoleto y empieza a oler. No significa que lo anterior no sea válido, lo es, y mucho. Pero no es suficiente. Para mí sigue siendo separatista, y genera un comportamiento frente al arte, individual y frustrante, es más de lo mismo. Si tenemos un mundo en el que pesa demasiado la imagen de nosotros mismos, pesa demasiado nuestra subjetividad frente a la del otro, si vivimos necesitados de compasión hacia nosotros y el del frente, no es raro mirar los modelos culturales y ver en ellos hay trazas del mismo mal endémico a nuestra era. ¿Por qué aceptar que ser artista, actor o director en esta época significa trabajar de una determinada manera? Es evidente para el ojo avezado que el mundo está necesitando reinventarse. A nivel relacional, a nivel político, económico y por supuesto cultural y espiritual. El espíritu de una época que ya está aquí. Un espíritu abierto y audaz que nos muestra las grietas con nitidez que nos obliga a mirar lo desconocido y reorientar nuestras percepciones y viejas maneras de ver el mundo.
¿Qué pasa con los trabajadores de la cultura, qué pasa con los actores de hoy? ¿Por qué quedarnos con lo establecido, por qué asumir que la actuación es una profesión de riesgo y precaria? Seguir las líneas de determinado tipo de actuación lleva a vivir precariedad, inestabilidad y bastante frustración. Esto no significa que el oficio de la actuación este en crisis, está en crisis un tipo de modelo que corresponde con el más extendido y más practicado. Quedarse sólo ahí es un suicidio artístico. Pero afortunadamente nuevas formas nacen para agradecer a las viejas su función. Si alrededor del 70 % del sector no encuentra trabajo no creo que sea sólo por los varapalos a la cultura, que los hay. Creo, sinceramente, que se trata también de una crisis de creatividad, imaginación y falta de cooperación. ¿Qué necesitaríamos investigar? La propia investigación . El para qué. También aprender a ver las trampas de todo el entramado artístico y cultural. Realmente las historias que se hacen hoy en televisión, teatro y cine, ¿sirven para hacer un mundo más consciente? . En la mayoría de los casos no. Entonces, como artistas, ¿por qué arrojar el alma al fuego de leña de plástico? Es doloroso y frustrante. Es posible que la nueva manera de restablecer y unir el teatro con las personas y la función del mismo sea despojándolo del pedestal en el que se encuentra. Eliminando la distancia entre espectáculo y espectador. Ya se investigó esto hace tiempo, Augusto Boal empezó a mirar con su Teatro Foro y su Arco iris del deseo, Tadeusz Kantor también investigó maneras no naturalistas, no aristotélicas de entender y practicar el oficio del actor. El mismo Brecht también intuyó esta necesidad. Eliminando al actor le devolvía su poder y le despojaba de sus cargas y estereotipos culturales asumidos inconscientemente por el mero desgaste del oficio y la relación con su realidad cultural. ¿No es lo mismo que pasa en la vida a otros niveles?.
Investigación real sobre nuevas maneras y creatividades. Nuevas formas teatrales cada vez más sensibles al ambiente, a las necesidades de una sociedad. Tal vez estemos en un punto en el que la propia investigación se fundamente en una renovación constante de lenguajes y maneras de hacer. Y en el que el Teatro tenga que asumir su muerte tal y como ha sido concebido para dar paso a un integración más sana y menos exigente entre artista, ciudadano y Teatro. Dónde también parece que la terapia y el Arte cada vez se están juntando más gracias al aporte y el trabajo humanista.
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