La sonrisa del Padre...
El Padre de mi Padre, mi Abuelo,
nació entre paredes blancas de cal,
Entre olores de gallinero y leche fresca,
entre el olor y la tenue luz de un candil.
entre el humo y los silencios de una Guerra.
Nació sobreviviendo, no tuvo tiempo a
preguntarse nada. Trabajó hasta su muerte.
Perdió pronto a su Padre y
se hizo Padre de sus Hermanos, vertió
su sudor en cortijos y labranzas.
Limpiando las zahurdas de los cerdos.
El dolor se escondió en su piel áspera y rugosa,
entre los callos de las manos, y de vez en cuando
salía, en forma de rabia, y ayudado quizá por el vino,
ya se sabe, los hombres del campo trabajan y trabajan,
luego beben en la taberna, y de noche cuando nadie les ve,
entre enfado y enfado, lloran como niños bajo la luz de
alguna estrella. Y beben, y lloran, y a veces se enfadan.
Y a veces, antes de morir, antes de volver a casa, buscan
a su mamá entre sollozos inconsolables.
Los hombres del campo siempre tuvieron corazón.
Los hombres del campo fueron duros.
Los hombres del campo no encontraron más camino
que el del trabajo duro y del sacrificio, con todo lo que ello
conllevó.
El Padre de mi Padre, dio la vida a mi Padre. Y mi Padre,
aprendió duramente el sabor del sacrificio y trabajó temprano,
lejos de casa, desde bien chiquito, aprendió también
a ser un hombre y a desoír su corazón inocente,
tierno y delicado. Aprendió el sacrificio del trabajo duro y
emigró del seco pueblo a la bulliciosa ciudad, entonces conoció
a mi madre y nací yo, y hoy, agradecido miro atrás, a los hombres
que habitan en mi sangre, y les pregunto ¿ qué es ser un hombre, qué es


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