La buena espiritualidad


"He venido a arrojar un fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviera encendido! Con un bautismo tengo que ser bautizado y ¡qué angustiado estoy hasta que se cumpla! ¿Creéis que estoy aquí para dar paz a la tierra? No, os lo aseguro, sino división. Porque desde ahora habrá cinco en una casa y estarán divididos; tres contra dos, y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre; la madre contra la hija y la hija contra la madre; la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra." Lucas 12 49-53

             Esto es; no os durmáis, encendeos y despertad. Mirad dentro.  El hijo crece mediante el padre, y la hija mediante la madre. Honrarlos significa poder ver la batalla sagrada y las heridas primordiales que todos acarreamos desde nuestra más tierna infancia. Honrar pasa por no creer de antemano que uno es el mejor hijo porque tiene los  mejores padres. Tal vez aprender a ser el mejor hijo posible que ha tenido los mejores padres posibles.  Honrar significa ver lo humillado, lo violento lo herido y poder amarlo y aceptarlo para  crecer honrando de verdad a los Padres. Romper la común idealización a los padres a  su vez potenciada por una hermenéutica pobre y literal de la tradición cristiana. Creo que lo que hoy se hace no es honrar a los padres, es evitar verlos y vernos, porque cuando les vemos humanos e imperfectos aceptamos también las heridas infligidas y crecemos, amándoles de verdad, y despertamos del sueño ideal. Si puedo honrar a mi padre y a mi madre como versan las sagradas escrituras puedo verlos un poco más  y desidealizarles,  puedo verme un poco más a mi y desidealizarme y en consecuencia reinará la humanidad en mi corazón. 

             La buena espiritualidad es una espiritualidad que acoge y celebra la vida en todos sus aspectos. La buena espiritualidad huye de las caras serias y autoflagelantes  que habitan en las iglesias y en los templos.  La buena espiritualidad es divertida, huye de lo solemne y lo pesado, sin que ello conlleve negar la experiencia del lado doloroso y descarnado que la vida también ofrece.  La buena espiritualidad  es fiesta y celebración gozosa de la vida  y  no huída al cielo entre rezos imposibles y mantras sugestivos. La buena espiritualidad es ligereza a través de los lados más sombríos y oscuros de la vida. La buena espiritualidad abraza cada instante  como lo único que es. La buena espiritualidad es comunión con Dios, y con la vida incluyéndola a cada instante y en todo momento, manera y forma. La buena espiritualidad es pasión , corazón y tripas. La buena espiritualidad es alegría  compasiva y no necesita de grandes espectáculos o tormentosas búsquedas estrafalarias y seductivas. La buena espiritualidad es vivir la festividad de lo sagrado del momento, la buena espiritualidad es ahondar y abrazar la realidad y la experiencia presente, sea cual fuere, sin intentar maquillarla o quitárnosla de encima.  La buena espiritualidad no necesita ser permitida porque ya es en cada vida, en cada cuerpo, en cada momento.  La buena espiritualidad "se hizo carne"  y habita en el cuerpo, y en sentirlo como nuestro templo más sagrado. La buena espiritualidad es  santa ignorancia y humor amoroso porque no sabe  y no lo pretende, porque como la sonrisa florida de los niños al mirar el cielo, existe sin más pretensión que mirarla y sonreír, disfrutando cada aliento en esta tierra. 

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