Feminista, sí, pero ¿En nombre de qué? Bypass ideológico......
Del mismo modo que se está hablando estos días sobre el renombrado "bypass espiritual" mediante el cual uno se aleja de su realidad más íntima y desaparece mediante posturas y sugestiones espirituales asumidas de un modo ciego y extremo como evitación del contacto con uno mismo y su realidad más concreta e imperativa, también existe un bypass político en el cual me he dado cuenta que es fácil caer. El tan manoseado concepto de patriarcado con todo lo que ello implica. Reconozco que me irrita de sobremanera las posturas in extremis sobre el tema de la violencia entre hombres y mujeres. Creo que bueno, todo el mundo habla de la gran bestia de nuestro tiempo. Todo el mundo más o menos consciente del mundo en el que vive se ha dado cuenta de que este sistema capitalista que nos hemos montado para funcionar responde a un tipo de mentalidad patriarcal en la cual el éxito, la imagen y el producir por producir nos está llevando a la ruina, este tipo de mente conquistadora y violenta, que somete y no no se satisface nunca con nada. Respecto al pensamiento feminista es evidente que sí, la mujer ha sido una gran olvidada, ha sido maltratada a lo largo de la historia y empequeñecida. Con lo que no es extraño pensar que esa violencia ejercida contra la mujer a lo largo de la historia esté en algún lugar del corazón de la misma. Es cierto que es necesario unirnos, comprendernos, respetarnos y caminar en igualdad hacia el propio bienestar y la propia realización .
A menudo observo a mujeres con un odio visceral hacia la figura del hombre. Y aquí es donde creo yo empezamos con el bypass ideológico. Si asumimos que vivimos en una sociedad enferma no es descabellado empezar a tornar la mirada al interior para empezar a ver primero y antes que todo, la ceguera propia. Es fácil justificar mi propia incapacidad como mujer para amar y mi propia desconexión de mi misma con el feminismo llevado interesadamente a la esfera más intima y recóndita de nuestro ser, como una bandera contra mi la propia frustración. En nombre del movimiento feminista yo misma me aniquilo como mujer, descuido mi dolor, escondo mi propia miseria y desaparezco en una guerra santa contra el hombre y lo masculino perdida de antemano. Lo contradictorio del asunto es que en estas posturas aparentemente revolucionarias no existe más que violencia, odio y rabia, y en definitiva dolor no asumido y vendido como discurso político escorándose en posiciones violentas e infantiles que nada tienen que ver con el espíritu integrador y humano, tolerante y que promueve la diversidad en el mundo. Y en última instancia, la paz. No deja de sorprenderme como mucha gente en nombre de la paz, ( a veces ni siquiera eso) y la fraternidad exhiben con apabullante chulería discursos que nacen más de la ceguera y el odio que del amor. Es evidente que no funcionan las cosas en el mundo tal y com está actualmente y que navegamos hacia una deriva inquietante. Sí, el mundo está roto por las costuras que lo mantenían unido. ¿Pero como ese mundo está roto en mí? Creo que una revolución genuina sólo es posible desde el corazón y creo que sólo es posible cuando a esta revolución sólo se le acompaña con una revolución interior. Como diría Marwan, "no puedo hacer la revolución porque no hago ni la mía" .
A menudo observo a mujeres con un odio visceral hacia la figura del hombre. Y aquí es donde creo yo empezamos con el bypass ideológico. Si asumimos que vivimos en una sociedad enferma no es descabellado empezar a tornar la mirada al interior para empezar a ver primero y antes que todo, la ceguera propia. Es fácil justificar mi propia incapacidad como mujer para amar y mi propia desconexión de mi misma con el feminismo llevado interesadamente a la esfera más intima y recóndita de nuestro ser, como una bandera contra mi la propia frustración. En nombre del movimiento feminista yo misma me aniquilo como mujer, descuido mi dolor, escondo mi propia miseria y desaparezco en una guerra santa contra el hombre y lo masculino perdida de antemano. Lo contradictorio del asunto es que en estas posturas aparentemente revolucionarias no existe más que violencia, odio y rabia, y en definitiva dolor no asumido y vendido como discurso político escorándose en posiciones violentas e infantiles que nada tienen que ver con el espíritu integrador y humano, tolerante y que promueve la diversidad en el mundo. Y en última instancia, la paz. No deja de sorprenderme como mucha gente en nombre de la paz, ( a veces ni siquiera eso) y la fraternidad exhiben con apabullante chulería discursos que nacen más de la ceguera y el odio que del amor. Es evidente que no funcionan las cosas en el mundo tal y com está actualmente y que navegamos hacia una deriva inquietante. Sí, el mundo está roto por las costuras que lo mantenían unido. ¿Pero como ese mundo está roto en mí? Creo que una revolución genuina sólo es posible desde el corazón y creo que sólo es posible cuando a esta revolución sólo se le acompaña con una revolución interior. Como diría Marwan, "no puedo hacer la revolución porque no hago ni la mía" .
¿Cómo saber cuando un discurso ideológico parte de un lugar incoherente y que rechina? Para mí ocurre este bypass cuando hay Santos y Demonios, esto es, una mujer feminista radicalizada que sólo ve el problema de la violencia a través de la violencia de género y que exhibe sin ningún tipo de tapujo su odio y su mirada hacia el hombre desvalorizante e incriminatoria no persigue un ideal de unión o comprensión, más bien una guerra personal vestida de paz, algo que sirve más a una ceguera infantil que a un aspiración noble y elevada . Porque para que yo mujer víctima de la supremacía del hombre necesite verte a ti como un perro violador en potencia es evidente que como mujer tengo que necesitar mirarme a mi misma como a una Santa que no ha roto un plato en su vida, para que pueda existir un pobre diablo que los ha roto todos. Por eso creo que es necesario concretar. La sociedad patriarcal es una sociedad enferma. De acuerdo. ¿Quiénes son los primeros "otros" con los que nos relacionamos?¿Quiénes son los primeros representantes de la sociedad en la vida? Son los Padres. Luego no es más interesante y constructivo preguntarnos ¿cómo se coló la peste patriarcal en casa? . A través de nuestros padres. A través de la aceptación y la indagación de como nos regalaron el amor. Y sí, es un amor envuelto en un envoltorio enfermo. Pero si realmente queremos ser revolucionarios creo que más nos valdría aprender a abrir el regalo de nuestros padres, en regalo del amor empañado por la ceguera de nuestros tiempos, ceguera muy antigua y ante la que nuestros Padres hicieron lo que pudieron. Y nos dieron en mi opinión lo más sagrado que necesitamos para vivir, nos regalaron nuestra capacidad para amar la vida con todo lo que la vida conlleva. Dentro del envoltorio el tesoro que nos susurra "al final y después de todo, no es natural no amar, no se puede no amar" . Creo que entonces si puede empezar una transformación real y uno tal vez pueda apoyarse y luchar y trabajar con ahínco para cambiar las cosas desde su lugar y con la mayor fuerza que para mi existe que es la fuerza de el amor genuino. Así es que yo imagino que nuestra vida es como un regalo, y que cuando uno se para a abrirlo se da cuenta de que el envoltorio no es lo que pensaba o como le gustaría pero que sin duda si se anima a abrir realmente el regalo que hay en cada uno de nosotros el interior no es más que unión, amor, sintonía y conformidad con la vida , que no conformismo.

Comentarios
Publicar un comentario