"De los sueños y el amor"
Hoy recordé una obra que fui a ver a La Guindalera, se trataba de una adaptación de la novela de Chéjov "Tres años". En ella un hombre se enamoraba locamente de una vecina a la que iba a visitar todos los días, hasta que un día se atrevió a confesarle su amor y a pedirle la mano. Ella ruborizada entre risas le dijo que se lo pensaría, él anhelante, sonrío y le pidió que hasta que llegara esa resolución le regalara algo suyo y ella complaciente le dio su parasol. En ese momento aquel hombre se sintió la persona más afortunada del mundo y al volver de camino a casa bailaba contento con su parasol, cantando y bailando con él de manera tonta, alegre, ingenua y amorosa.
Pasaron los días y la mujeres accedió a la propuesta de aquel hombre. Convivieron razonablemente felices hasta que poco a poco fueron perdiéndose el uno al otro sin entender muy bien como. Entonces en un momento conmovedor y triste de la obra, el hombre se mira a sí mismo, mirando de frente su frustración, su límite, su propia ignorancia y su incapacidad para amar y reflexiona sobre el futuro de su relación ya deteriorada con el tiempo. Dios mío, en estos tres años de desencanto y desaliento reconozco que mis únicos momentos de felicidad ocurrieron cuando bailaba con aquel parasol de camino a casa. ¿Y ahora que debo hacer? ¿Qué debe hacer un hombre que ha descubierto su incapacidad para amar, que ha ha descubierto que estaba enamorado de su propia idea de amor ? ¿Qué debe hacer un hombre que sabe de su corazón ya cansado y de su incapacidad para amar y permanecer más al lado de su mujer? .
La pregunta que me atraviesa estos días es si el amor es algo más que enamorarse de ese parasol y si lo es como no sucumbir ante la infantil idea de tirarlo todo por la borda en aras de conseguir un sueño imposible e infantil. Pero también está el otro extremo, por ese sueño dorado de la infancia nos agarramos a relaciones que hace tiempo dejaron de conducirnos al bienestar y firmamos hipotecas empecinándonos en hacer que ese sueño calce sí o sí con las situaciones cotidianas debilitantes en nuestras relaciones. En cualquiera de los dos cosas ¿cómo reconocer esa herida infantil, esa desmesura y esa incapacidad?
Sí, el parasol y el sueño es importante, es importante en el amor el poder mirar al otro con alegría y con ternura y caminar juntos, y ya se sabe que la pareja por definición es creativa y fértil. ¿Cómo distinguir y saber que uno está más enamorado del amor que de la propia persona que tiene enfrente, cómo saber y reconocerse limitado, incapaz, torpe e ignorante a la hora de amar al otro ? ¿Cómo reconocer el propio dolor y el propio anhelo y enfrentar la fraudulencia propia del espíritu soñador? Por qué evidentemente también en la vida necesitamos del parasol, necesitamos de los sueños. Pero también necesitamos de la suficiente y necesaria firmeza como para poder decir basta, puedo hasta aquí. ¿Por qué nos empecinamos en seguir y seguir en relaciones debilitantes y que nos dañan? ¿Por qué no acabamos de ser valientes y entregarnos con confianza y alegría a los brazos de un otro? ¿Cuál es la diferencia entre el miedo al compromiso y el respeto al propio límite como pareja? ¿Puede darse a la vez?
El parasol, los sueños y el amor. La frustración, los límites . La ceguera propia de cada corazón. Con todas estas preguntas me iba del teatro hace años pero sin saberlo, ahora las siento con más claridad, son preguntas importantes, necesarias para caminar. Al final de la obra, después de las reflexiones sobre la naturaleza del amor y los sueños, el hombre triste y lleno de frustración y desencanto creo que cerraba el parasol miraba el cuarto donde estaba su mujer, y con una mezcla entre resignación y rebeldía caminaba hacia la habitación, en silencio. Lo que iba a ocurrir en esa habitación pertenecía directamente al alma de cada espectador. ¿Qué camino tomar?

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