"Amor e información", a propósito de un mundo que está muriendo...
Amor e información es la última y arriesgada propuesta escénica dirigida por Juan Carlos Corazza enmarcada dentro del proyecto Teatro de la Reunión y ejecutada hábilmente por los actores en su último año de formación. "Es como si estuviéramos en el primer vagón de una montaña rusa" dice un extraño personaje en un momento extraño de la obra. Amor e información es sin duda un retrato crudo de la mente actual. Un espectáculo que sin duda consigue tomar el pulso a nuestra época, a nuestro tiempo y que realmente se ofrece como un espejo para poder mirar a la cara a toda nuestra locura, todo nuestro sinsentido y nuestra febril e incesante búsqueda de ¿amor?. Diferentes historias que salen de la pluma ingeniosa de Caryll Churchill, contadas como si fueran pinceladas de un mundo roto y que cada vez se va alejando más de lo realmente esencial del ser humano. En su ritmo vertiginoso y febril apenas queda tiempo para poder pensar, para poder sentir y mirar-se. De alguna manera es cómo si mediante el ritmo de la obra existiera ya de antemano la tragedia a la que parecemos abocados como seres humanos del 2016; una mente incesante, que busca , que se pierde y se encuentra, que centellea, que enloquece, y que va de un lado o otro, una mente bombardeada constantemente por varios frentes, estímulos, información propiciando con todo ello un tobogán hacia la inconsciencia y hacia la soledad digital.
De lo líquido de los tiempos como decía Bauman; Son tiempos imprevisibles, y líquidos dónde todo se diluye y se escurre en nuestras manos, donde todo es imprevisible y se mueve hacia lugares insospechados. El ritmo y el pulso vital se incrementa como si estuviéramos en una cuesta abajo sin frenos, y como nada se concreta y no prevalece la estructura porque no le da tiempo a prevalecer o porque ha prevalecido demasiado tiempo no sabemos que hacer con nuestro tiempo, con nuestro amor. Que cada vez es menor. No sabemos hacia dónde va a saltar la liebre en una época marcada por el consumismo, marcada por la imagen y la información digital. Hemos digitalizado nuestros corazones hasta tal punto que pareciera que realmente un mundo esta muriendo frente a otro. ¿Desde dónde hablar de este desastre tecnológico? Un mundo está muriendo, el amor analógico, el mundo de las miradas, de las palabras dichas, de las caricias, de la alegría del compartir, del mirarse, del tocarse real-"mente". Las personas no son lo importante, en este caso, los personajes no importan, pesa más la atmósfera frenética y la locura imperante que los propios personajes. Es como si fueran engullidos por el mundo y la era que les ha tocado vivir, no da tiempo a conocerlos, ¡no da tiempo a conocernos!. Es un vértigo sobrecogedor, y sin embargo en mitad de este delirio colectivo existen aún momentos de belleza, momentos donde después de todo el alma sigue brillando más por su ausencia que por su presencia, momentos en los que una canción, un corazón rugiente o una mirada cómplice puede erigirse en mitad de esta inundación recordándonos que aún no todo está perdido y que aunque probablemente la cuesta abajo cada vez es más pronunciada, también nuestra determinación y nuestra responsabilidad frente a nosotros mismos reluce con más fiereza ante los momentos más oscuros, actuales y venideros.

Comentarios
Publicar un comentario