El patriarcado y la caída de la masculinidad
Considero que el patriarcado es un problema real y grave en nuestra sociedad enferma. Considero que también existe una manera tramposa y superficial que nos está haciendo mucho daño a los hombres y mujeres. Es importante relacionar el patriarcado también con una caída de la masculinidad. El patriarcado no se combate empoderando a las mujeres y haciendo a los hombres pequeños. Por lo tanto los males del patriarcado no pertenecen única y exclusivamente a los hombres. Cuantas mujeres demandan y quieren crear con su mirada a un hombre fuerte y sin fisuras, el hombre que si llora es débil y blando, cuantos hombres se venden como hombres duros y rudos sin fisuras también. Esto es patriarcal. Es enfermo. El hombre de hoy se ve retado a empoderarse, tomando su fragilidad, tomando su fuerza, su violencia, su masculinidad. Si esto sucede no hay necesidad de demostrar fuerza porque ya hay confianza ante la propia hombría y masculinidad. Trabajar hacia la igualdad de género es habitarse hombre y mujer adultos. Con todo lo que conlleva. Hoy en día me parece observar incluso en mi mismo a veces una especie de culpa por ser hombre. Lo veo también en compañeros contemporáneos, como si existiese el mandato inconsciente de arreglar los platos rotos de hombres que no han sabido ser hombres. Entonces es como si los hombres de hoy modernos, avanzados en su sensibilidad y creyéndose fuera del patriarcado asumieran la responsabilidad y la culpa de hombres anteriores que han contribuido a formarlo probablemente denigrando y vulnerando la dignidad de la mujer sin darse apenas cuenta. Entonces se anulan como hombres, como los anteriores han sometido y coartado las libertades a sus mujeres, hoy yo pago por ellos. Entonces me empequeñezco, y le doy a la mujer una posición que ni ella misma sabe sostener, la endioso, la pongo grande porque durante la historia ha sido sometida y maltratada, y yo, hombre pecador y enclenque machista, me creo que estoy fuera del patriarcado y del machismo mientras anulo mi masculinidad, mi fuerza y mi violencia. Esto es, la reprimo, la escondo. Y aquí empiezan los problemas.
Esto es una trampa. Sólo genera más violencia encubierta y más impostura y falsedad entre nosotros.
La fuerza del hombre al igual que la fuerza de la mujer es una fuerza bella y necesaria para el crecimiento y nuestra propia madurez. Sería bueno inventar un día para honrar la figura del hombre.
Por otro lado muchas mujeres utilizan el dolor de sus anteriores para justificar su odio hacia el hombre, esto es, se apoyan en el feminismo y en el discurso del patriarcado para odiar al hombre y todo lo que ello representa escondiendo su imposibilidad para amar, viviendo destinos que probablemente no son suyos y revistiendo su aversión al hombre de justicia y reivindicación feminista. Esto se huele en algunas mujeres. Y es muy triste.
En el fondo es perpetuar la guerra y vestirla de paz. De esto no se habla ya, creo que es necesario recuperarlo, cerraré pues la entrada de hoy con alguien que tenía el coraje y la valentía de hablar de las sombras de la mujer. Gritos y susurros. Bergman.


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