La Silencio

Y la sangre y el odio
 y las tripas y el animal
y las santas pasiones.

Agujereando el cererbo y colándose
en el pensamiento.
No fue ayer cuando nos perdimos
No fuimos nosotros.
No es nuestra culpa.
El mundo llora sin saber,
caminamos ciegos y sordos
¿Dónde empezó el desastre?
Ya estamos muertos y podridos,
y aún soñamos y nos miramos en un espejo
envenenado como si fuéramos grandes y bellos.

Ya no somos grandes y bellos.
Desde los albores de las primeras hogueras
nuestra vanidad  empezó a devorar nuestra alma.
Nuestro miedo empezó a tornarse insoportable.

Y las quimeras siguen acechando, y los grifos siguen volando encima
de nuestros cráneos.

 ¿Quién debe rendirse y a qué? ¿A qué se debe tanto llanto y dolor?
¿Por qué no  lo vemos? La misma grieta.
Compartimos el mismo vacío.
Compartimos la muerte y el sol.
Tan sólo eso.

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