Kamikaze o la banalización del horror.....

 

 

kamikaze

 

Cuando alguien trata de hacer una película tratando temas tan  delicados  y peliagudos como pueden ser el terrorismo debería pensárselo dos veces antes de meterse en el ajo. Digo esto porque ayer al acabar la proyección de esta joyita  salí frustrado  y tremendamente enfadado con el público, que cada vez más se conforma con menos y  con  nuestro cine. Sinceramente, desee que se acabaran las  subvenciones, lo desee porque sentí que el director se reía en mi cara. Kamikaze abusa de la mentira adornada. Una película vaga que  toma decisiones por el espectador y cuyo ejercicio moral lo hace ya el directoctor desde el minuto 1. Sinceramente, me cabrea ir al cine para recibir lecciones morales. ¿Por qué nos lo dan todo mascadito? Nos siguen tratando como a imbéciles y esto es un problema.

 

La validez de la representación en el relato.  Esto no es más que  dignificar  y tomar en cuenta las aguas donde uno se mete a nadar. Por supuesto, dignificar no significa ensalzar ni hacer héroe a nadie. Dignificar significa respetar el misterio de los personajes y de las personas. No juzgarlos. Ni ensalzarlos ni culpabilizarlos. Mostrar sus aristas, contradiciones, su luz y su oscuridad.  Pero, ¿Dónde radica el dispositivo narrativo en Kamikaze? En la taquilla. El director legitima su relato con la taquilla. No hay nada de verdad en todo lo que hace.  Utiliza la historia de un kamikaze de una manera superficial y estúpida.  Sensacionalista tal vez.  Creo que  es necesaria cierta humildad  y cierto amor a la verdad  para intentar aspirar al menos a investigar sobre la cabeza de un kamikaze kurdo. Y me pregunto¿Qué sabe el director de kamikazes kurdos? Absolutamente nada. Y cuando nos se sabe de algo es mejor callarse, o al menos, si se quiere investigar sobre ciertos asuntos, tratar de hacerse preguntas en vez dar por hecho.  Son temas lejanos, grandes y sobre todo, son temas que tienen muchos muertos detrás. Demasiados muertos para reírse de ellos tan alegremente con esta farsa.  ¿Qué posición tiene que tomar un creador a la hora de hablar de temas inefables, imposibles de haber sido vividos, como por ejemplo hablar sobre Auschwitz, o meterse en la cabeza de un terrorista kurdo? ¿Cómo se representa eso?

 

 

La moral como germen de la  mentira.   El ejercicio moral de la cinta  lo hace el director. El público sólo tiene que sentarse en la butaca y entretenerse un rato.En  hora y media se nos cuenta la historia de un terrorista bonachón que se convierte en un héroe.  Cuando se nos plantea esto no hay opciones, no hay preguntas, sólo sermón, un mensaje que viene a decir que los terroristas  también tienen corazón y son  muy simpaticotes ellos, claro que sí.   A mi me dan ganas después de ver la película  de invitar a un kurdo fanático fundamentalista   a nochebuena a que me cuente chistes. ¿Qué se puede esperar del creador de Los Serrano, después de todo? Cuando se gasta tanto dinero en estas propuestas siento pena por nuestro cine y por nuestro público.  La gente se lo paso pipa, eso si. Mas anestesia para no hacer frente a los vacíos existenciales/culturales/espirituales/ideológicos de nuestra época. Y al final  carcajadas  y alguna frase del tipo “ hay que ver que majete este kurdo eh” Es que todo el mundo sabe que los terroristas fundamentalistas son unos incomprendidos. ¿Por qué  se buscan tantos héroes? ¿Por qué nos  siguen envenenando con finales felices y mentiras?   Y lo que es aún peor. ¿Por qué pagamos para que nos mientan tan descaradamente a la cara?

 

Lo siento mucho señores/as pero realmente  dudo mucho de que los terroristas fundamentalistas  sean héroes, principalmente porque no tienen porque serlo. De hecho  es más interesante  que no lo sean.  Es más interesante al menos tratar de acercarse a esas cabezas y esos corazones, de una manera humilde, respetuosa y humana.  Es más incómodo dejar la cuestión moral al espectador.  La duda. Las preguntas y los límites entre lo bueno y lo malo.

 

La mentira es peligrosa. La película es un melodrama barato con final feliz.  Lo que no le perdono a Álex Pina es la desfachatez de utilizar ciertos temas y sensibilidades para hacer taquilla y aquí vuelvo a lo de antes. ¿Para qué haces esta historia? ¿Qué me quieres contar? ¿Qué lanzas quieres clavarnos? ¿a qué diana apuntas?

 

Nada, absolutamente nada. Una sarta de mentiras vestidas de melodrama hollywoodiense  y falso.  Y por supuesto ningún tipo de respeto por estos temas.

 

No nos engañas Álex Pina.  Tu película es simplemente una mentira más  y  un insulto al criterio y la dignidad artística.

 

 

Comentarios

  1. Magnífico artículo.
    Es hora ya de reflelxionar a fondo sobre la ética de la forma cinematográfica. Al igual que otras profesiones como médico, abogado o periodista parecen tener una ética profesional, aunque como bien sabemos no siempre la siempre la respetan, pero por lo menos hay una tradición en ese sentido, un lecho teórico en el que apoyarse para hacer un análisis sobre sus acciones. Con el cine y el mundo audiovisual en general debería ser lo mismo. Los cineastas tienen una gran responsabilidad para con el público que acude a ver sus obras.
    En lo últimos tiempos,hemos creído, gracias a la domesticación que hemos sufrido por el imperio de la industria cinematográfica hollywoodiense, que el cine es un mero entretenimiento y nada más. Pues no señores/as el cine es algo más que eso. Aunque no lo creamos, los cineastas dejan una impronta en el subconsciente colectivo. Impronta esta que puede llegar a ser muy peligrosa si no se sienten en cuenta ciertas cuestiones referidas al modo de hacer las cosas. Tal es así que las grandes potenciales mundiales siempre se han interesado por el cine como medio de llegar a las masas, por eso el cine siempre ha tenido una estrecha relación con los círculos de poder. Desde los primeros film de la Unión Soviética (Acorazado Potenkim), las películas de propaganda nazi (El Judío Eterno, El Triunfo de la Voluntad)y la adoctrinante industria estadounidense (Objetivo Birmania, El Manantial). Los poderosos siempre han conocido el poder la imagen en movimiento. Este es un ejemplo de lo importante que es el cine en nuestras sociedades modernas.
    Por todo estas cuestiones y otras que por su extensión y complejidad no podemos abordar aquí, los creadores audiovisuales antes de abordar deberían plantearse al menos estas tres cuestiones: ¿Qué se rueda? ¿Cómo se rueda? y ¿Para quién se rueda?

    En conclusión, no todo vale y el CINE es mucho más importante de lo que parece.

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