El hombre del saco...

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Negra leche del alba, negra sangre mía, cavamos tumbas , navegamos en el cielo, allí no hay estrechez.

¿Por qué ? Ángel Auschwitz, ¿Por qué el eco sordo de los muertos abruma mi alma y me destruye?¿Por qué

oigo los rezos en las fosas? Soy un ángel muerto, en mis venas corre el veneno de la humanidad. Soy un trueno

cayendo  en un árbol seco, soy la muerte vestida de uniforme, mis ojos aún vacíos buscan la luz.

Siento frío en mis huesos, están prietos, parecen restallar  al ritmo de las últimas campanas.

Dios mío . ¿Por qué nos has abandonado?

Los trenes , la sangre, el humo, cenizas amontonadas  en la trastienda del recuerdo. ¿Cómo olvidar?

Tantos huesos, todos ellos repiquetean , quieren hablarnos de una historia que nos habita.

Aún siento en el cuerpo el fuego y la rabia de generaciones enteras.  Son tiempos de guerra,  ahora y siempre.  Suenan los tambores.

El alma está dispuesta.  Los corazones  son lobos hambrientos.  Como animales heridos en la caza, nos aproximamos al final, sin otro

consuelo que la muerte.  Que Dios nos perdone a todos. La sangre está ya derramada, y los cadáveres exigen el grito, el llanto, el aliento de vida robada.

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