"Las bacantes" o crónica de la mediocridad en el festival de teatro de Mérida.....



Qué pena.. Qué pena que haya gente que se suba al escenario como el que se sube a una pasarela de moda. Con gestos fríos, miradas caducas, cuerpos rígidos y expresión muerta...El festival  de Mérida se ha ido al carajo con el cambio de gobierno. Nada queda ya del anterior  festival  que dirigió La Portillo con amor, esmero, y una dedicación incondicional e infinita.  Festival soso con propuestas sosas. Soso. Sin sal. Light.

La propuesta de "Las Bacantes" de Carlos Álvarez Ossorio  ha dejado mucho que desear.   Ha sido una propuesta  ambiciosa y light. Llena de teatro del viejo y caduco.  Ossorio, no puedes permitir que los actores en las peleas   ni se toquen, aquello parecía una espectáculo de verano de la Warner. No me jodas Ossorio. Todo con la pretensión de que quede más violento e impactante. Conseguiste lo contrario.  Más rídiculo y light. Pobres bacantes, muchos de los actores y actrices que representaban a las bacantes  se limitaron a forzar ataques epilépticos en escena con movimientos histriónicos y tensos para hacer "las bacantes" de una manera arquetípica y general.

Por supuesto no han faltado en este aborto las pinceledas de  teatro "guay modernito" poniendo durante toda la larga obra una banda sonora a todo trapo de música electrónica. ¿Para qué ?  Para que se empeñan en despertar jaquecas  en vez de conciencias. No lo entiendo. Para subirse a un escenario había que ganárselo a pulso. Ahora veo que no es así. Cualquiera que dirige se cree director, cualquiera que hace que "actúa" se cree actor. El escenario y el Teatro es sagrado. Ritual. Y más el Teatro de Mérida y más aún las Bacantes. Y más aún Eurípides. No me canso de repetirlo. Menos es más. Y yo he pagado 30 euros para entrar en el Teatro de Mérida y ver Teatro con mayúsculas sí, y lo que me he encontrado este año allí ha sido un desfile de egos tristísimo. La dirección escénica  brillaba por su ausencia. El actor  que "MALINTERPRETABA" a Penteo,  de cuyo nombre no quiero ni acordarme  no daba una. Lo único que hacía era soltar el texto como si fueran morcillas. No le pasa nada por dentro.  El infortunado actor nos dibujaba una caricatura grotesca de Penteo, como si fuera un tontorrón sin conflictos ni sentimiento ni nada. Todos actuando para brillar... todos muy actores y actrices pero no había personajes por ningún lado.   Ni historia. Ni nada. Una vergüenza que no se merece una sola palabra más.

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