"Antígona" de Mauricio García Lozano

 No tengo palabras para describir todo el amor, el arrojo, la sinceridad, y la tenacidad que pude ver en todo el equipo artístico  de este proyecto. Una Antígona que se está representando ahora mismo en el  Festival de Teatro  de Mériday que  es un regalo y una muestra de trabajo en equipo excepcional. Qué decir del espacio, el Teatro romano de Mérida es un enclave teatral maravilloso. Un lugar mágico donde  se puede respirar la historia, que nunca acaba, como nos han demostrado en esta ocasión Mauricio García Lozano con versión de Ernesto Caballero y todo su equipo artístico.

Antígona es un espectro de occidente, es un personaje  que siempre permanecerá dentro del alma humana de cualquier época, lugar o realidad. Sin duda Antígona es un grito terrible en mitad de la noche. Un suspiro  de tristeza de una mujer cuyo pecado es ser  tremendamente humana, humana hasta la propia extinción. No me queda sino valorar y agradecer.  Trabajar un texto clásico siempre es un reto y lo seguirá siendo por mucho tiempo o a menos eso esperemos. Trabajar Antígona, es  trabajar con un texto sagrado, y si, digo sagrado porque el origen del Teatro es ante todo, sagrado y ritual.  Sin duda en esta versión existe un respeto infinito por el texto y un esfuerzo enorme por revisar y  elaborar este ritual según las antiguas leyes del Teatro. Y eso, en esta época extraña en el que el individualismo  y el subjetivismo está tan de moda es algo digno de admirar y agradecer. El teatro es grupo, es colectivo, es equipo y es finalmente ritual purificador del alma humana.  Integrar el coro en las propuestas contemporáneas siempre ha sido un problema. En este caso el trabajo coral dejaba claro desde el  primer momento que no estábamos acudiendo a una propuesta teatral, sino que estábamos participando de un ritual tan antiguo como la tierra y tan profundo como el alma humana.

Por momentos podemos intuir lo invisible, lo mágico, por momentos el Teatro Romano de Mérida hablaba con la ayuda de los actores/chamanes conjurando en escena  un tiempo pasado, desconocido y oscuro. Sentí el placer de poder ver un texto vivo, una historia rabiosa y valiente dentro del corazón de los actores generaba la suficiente fuerza como para que los corazones de los asistentes/participantes se abrieran hasta romperse. Un trabajo en equipo indudable, todas las interpretaciones orientadas a seguir investigando en la propia escena. Un ritual sin voces cantantes, ni protagonistas , ni todo lo contrario. Un espíritu común inundaba el trabajo de estos chamanes, algunos de ellos viejos conocidos como Blanca Portillo o Antonio Gil, Y otros más jóvenes pero no por ello menos duchos como Marta Etura. Gracias por hacer que estos textos vivan. Gracias por el esfuerzo de todos vosotros. Gracias por la sinceridad. Gracias por la valentía Gracias por la contundencia y la fiereza. Gracias por explicarnos y recordarnos que es el teatro.Gracias por la humildad y el respeto.

Gracias

No diré mucho más, id a verla...

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