"Incrementum" de Georges Pérec


Incrementum se presenta ante nosotros a través de un maestro de ceremonias y seis actrices. La iluminación es estática y blanca, chirriante, deslumbrante. La propuesta transcurre de la mano de las seis actrices que durante hora y media, como si de una orquesta se tratará, establecen un diálogo con el público sobre la realidad laboral de hoy en día y lo difícil que es conseguir un aumento. A la hora de reflexionar sobre la propuesta he de destacar varias cosas. La primera es que percibí como espectador una intención creadora de contar algo concreto y específico. Lo segundo que voy a destacar a favor de la obra del francés, es que efectivamente está bien enmarcada en el estilo contemporáneo por sus rasgos formales y estructurales, esto es; no existen los personajes, por lo que estamos más cerca de la performance que de la obra aparentemente "convencional" y esto sin duda es un buen síntoma de que se ha arriesgado a la hora de proponer un viaje escénico en un teatro de nuestros días.


Bien, hasta aquí todo muy bien, incluso la temática laboral que plantea puede parecer que sea vigente. Pero reflexionaremos por partes:


El dispositivo escénico es un completo fracaso: Me explico, simplemente no se puede tener a un público aguantando los monólogos perfectamente sincronizados, eso si, de seis actrices hablando a toda hostia sobre lo malo que es el trabajo, lo malos que son los jefes y sosteniendo el ya manido discurso arquetípico y poco interesante revolucionario que nos hace ver que los jefes son unos cabrones y el trabajador de hoy en día es una hermanita de la caridad, que vive explotado, tratado injustamente, y todas esas cosas que están tan de moda. Es este buenismo escénico y reaccionario el que está de manifiesto desde el primer minuto de la obra, es la manera de contar una historia sobre el trabajo de hoy en día, manera completamente convencional y arquetípica. Faltan puntos de vista y contradicciones. El espectador ya sabe todos los arquetipos que hay en la vida, convive con ellos cada día y los alimenta. No es necesario seguir con este discurso, no es interesante sólo el punto de vista del "oprimido" , veamos el del "opresor" también, ofrezcamos ese espacio de contradicción y duda que siempre ofrece el buen teatro y empezaremos a entender. Pero parece que en España no gusta eso, parece ser que en España como somos artistas somos de izquierdas, somos modernos y reaccionarios y libres y completamente idiotas y se nos olvidan las cosas importantes por llevar una bandera. Queremos la risa, que el público disfrute y que no piense, que se ría, que la vida ya es muy triste ¿no?, eso queremos.


Huelga decir que la sala entera del matadero estaba "pasándoselo de puta madre " y "echándose unas risas" ...


¿Y el teatro?

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