“Molly Sweeney” de Brien Fiel
Viajamos ahora de la mano de Juan Pastor, director del espacio de la "Guindalera" que a su vez también dirige la mayoría de los montajes representados en este sala, su hija, Maria Pastor, encarna a la joven Sweeney, la protagonista de la obra. La acción transcurre en un pequeño pueblo irlandés, dibujado de una manera muy eficaz gracias a la música tradicional irlandesa que nos acompaña casi toda la obra y al modo en que se nos cuenta esta historia. Más que una historia parece un cuento, un pequeño cuento contado de una manera muy cálida, sencilla e íntima, pese a que lo que se nos este contando puede adquirir y adquiere la dimensión de una tragedia. Esta manera de transmitir una historia me hace pensar de nuevo en lo esencial que es elegir el modo presentar lo que va a suceder en la escena. La fórmula empleada cumple dos funciones, la primera; ayuda a comprender el conjunto de la obra de una manera simple y clara, lo que no quiere decir que deje de ser compleja, la segunda; que la obra pueda adquirir su dimensión trágica de una manera natural y sin caer en grandes escenificaciones. Lo cual a mi juicio es esencial a la hora de representar una obra, no hay cabida para actores y actrices engolados hablando sobre el ser y la esencia bajo una dirección igual de engolada.
La historia en sí, a su vez se beneficia enormemente de todo esta atmósfera. Empieza con un ritmo suave, con una presentación de personajes muy literal, pero muy necesaria teniendo en cuenta el formato. Molly, es una joven invidente que se presta, no sin miedo, a una operación pare recuperar la vista, pero esto implica un problema, ¿qué ocurre si a una persona de golpe y porrazo le plantas ante sus ojos un mundo que no es el suyo? Lo realmente mágico de todo esto es que no hace falta ser un invidente para comprender esta problemática, y lo que parece un cuento triste sin más se traduce en la capacidad de autoengaño del ser humano, y en como esta capacidad nos hace reinventar el mundo a nuestra medida, olvidando la "realidad" y actuando como Sweeney al entrar en contacto con ella, volviéndonos locos. La eterna lucha entre lo interno y lo externo adquiere en esta historia su dimensión mas cruel. ¿Tendríamos que aprender com la joven Molly a ver más allá de nosotros mismos, más allá de nuestra ceguera, nuestra ceguera que a su vez nos protege porque nos permite reinventar el mundo sin dolor ? Lo cierto es que debe existir un pacto entre lo que consideramos interno y externo, un equilibro que nos permita caminar con pie fuerte por la vida sin olvidarnos de donde estamos, en definitiva articularse en la mirada del otro sin dejar paso a la neurosis o al narcisismo exacerbado que acabará sin duda por volvernos completamente locos.
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