“Viejo final de partida…”

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Siempre polémico Samuel Beckett, siempre incomprendido, odiado y adorado. El espacio para la creación escénica "La puerta estrecha" nos invita a entrar en los laberintos propuestos por el dramaturgo  irlandés en  "Final de partida". Estamos sentados frente a una habitación que parece estar recubierta toda ella de madera, desde el suelo hasta el techo se extiende  una especie de parqué  grisáceo y marrón. En el centro de la habitación se puede intuir una figura humana sentada en una silla y cubierta de tela.  A la izquierda dos cubos de basura viejos y roñosos permanecen en el suelo.   Con estos elementos ya se genera una tensión y un decadentismo muy propio de la línea de pensamiento de Beckett. La atmósfera esta creada. Los actores comienzan la función.  Lo que parece ser un  joven criado empieza a barrer la habitación, un joven criado enfundado en la piel de una actriz ¿Por qué se empeñan en  cambiar el sexo de los actores, que tipo de moda es esa? Más allá de  este extraño fenómeno, para mi gusto la representación rezumaba un clasicismo un poco asfixiante, y pese a que la atmósfera y el ambiente estaban muy bien diseñados,  la representación en sí me parecía tan correcta y tan fiel al texto de Beckett  que  resultó insoportablemente aburrida, es curioso que un autor como Samuel Beckett, un autor que es sorpresivo y que es experto en sembrar interrogantes con sus palabras sea abordado de forma tan  clásica, tal literal, sin dejar si quiera hueco al misterio y al carácter sorpresivo y enigmático de su obra.

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