La contracción del tiempo y la vida





    El tiempo que no nos tomamos nos devora y nos toma. Cada vez tenemos más  necesidades y menos tiempo de poder compartirlas. Siento la civilización y la humanidad como un máquina a destiempo y cada vez más acelerada como queriendo romperse en mil pedazos. El tiempo en la conciencia se contrae con más fuerza. Sin saberlo caemos en la inercia  y normalizamos una velocidad en el vivir que nos hace fríos  y cada vez más individualistas, la velocidad de los tiempos nos aísla bajo la zanahoria de nuestro propio destino. La necesidad al fin y al cabo de mantener a flote nuestra barca ante las mareas intempestivas y aceleradas de nuestra era. El reflejo de nuestra unidad primordial vertida en un deseo de estar juntos bajo el espejismo  de creencias e ideales que empañan una simple y honda necesidad humana. Permanecer juntos, vivir acompañados sin necesitar de un para qué. Nos necesitamos para vivirnos y no sólo para sobrevivir y devorarnos con ideales, proyectos  o la tan afamada realización. La necesidad negada de necesitarnos se han convertido en la necesidad opulenta de usarnos olvidando que quizá el mero hecho de encontrarnos era el maná de una tierra prometida que siempre acabamos despreciando.  Y a la vez sentimos tan cerca e íntima al reunirnos. Entonces cabalgamos tironeados por nuestras dignas ambiciones, deseos y anhelos siempre personales y anclados en el destino  único  y genuino que sentimos nos es dado.  Es una trampa tan mortal como necesaria donde la soberanía del yo  personal busca su referencia y defiende su trono queriendo moldear al mismo Tiempo y en su imposible victoria, deformándolo  y contrayéndolo a voluntad. 

     Nietsche se atrevió a formular que Dios ha muerto. Y bien es sabido que la hybris, esto es la arrogancia humana que empezó a  dibujarse en nuestros antepasados los griegos como una manera de dar la espalda  a los dioses y tratar de conquistar lo inconquistable erigiéndonos dueños y señores de nuestra vida y tiempo nos ha llevado a nuestro actual callejón sin salida. Bajo la fantasía de matar el espíritu con la letra, inflamando el trono de la razón y el intelecto, nos creímos superiores a las fuerzas inconscientes  y soberanas de la vida y la naturaleza, despreciando los mitos y el caudal inconsciente que nos sostiene y nos guía. Así es como a todas las potencias inconscientes que nos gobiernan las catalogamos como fantasías lejanas y misteriosas  sobre un mundo que necesitamos dividir y separar en aras de mantener nuestro falso dominio sobre la vida y su curso. Pero como he formulado anteriormente toda esta estrategia no es sino una maniobra que trata de cultivar nuestro falso control sobre las fuerzas que nos rigen e influyen sin saberlo(y así seguir permaneciendo inconscientes y víctimas) y a  las que tarde o temprano estamos obligados a enfrentarnos. 


     Cronos es el dios del tiempo. Y le hemos dado la espalda, por tanto no es extraño que nosotros mismos erigiéndonos Cronos nos estemos devorando y estemos a la vez y sin saberlo contrayendo el tiempo a voluntad creando una sociedad más rápida y superficial donde el espacio para la vida está siempre proyectado a un futuro, invirtiendo nuestros deseos y nuestra energía en un futuro que nunca llega y en una zanahoria que no nos colma y nos trae más hambre, ensoñación y confusión. ¿ En qué deriva todo esto? En que una hora es menos tiempo de lo que era antes y no nos damos cuenta.  En que la parte más esencial, gregaria y comunitaria se vierte en encuentros proyectados hacia un futuro obviando de manera arrogante la celebración de encontrarnos bajo un mismo tiempo y espacio. 


         









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