Lo sagrado de la máscara
A lo largo de los tiempos el ser humano ha necesitado ayudarse de elementos mágicos, trascendentes, y espirituales. Nuestra gran tendencia a etiquetar y racionalizar la realidad ha hecho que estos actos, ritos y formas de ayudarse deriven en conceptos y contenidos simbólicos referente a mitos universales que siempre nos han servido como sostén profundo ante muchas realidades y conflictos de la vida. El poder simbólico del ser humano, el hecho de poder simbolizar es para mí, una muestra de nuestro propio poder o dimensión más misteriosa. El tejido cultural y folclórico de los pueblos del mundo tiene las mismas raíces. Desde siempre las artes han estado muy ligadas a la vida cultural y sagrada de los pueblos. El Arte tenía una relación directa con la salud de la comunidad. Y poco a poco esto se ha ido separando mediante el predominio de la excesiva racionalización. De alguna manera, mediante conceptos y etiquetas hemos reducido a rito y símbolo lo que es misterio y trascendencia. Pero los mitos, las artes y los símbolos de cada cultura y pueblo son para mí, algo que está vivo. Por mucho que pongamos nombres y creemos conceptos y complejas teorías filosóficas que pretenden ahondar u ordenar la realidad más misteriosa y existencial es obvio que no alcanzamos, sólo con la mente y formas ordinarias a entender o comprender mínimamente algo relacionado con nuestra existencia y nuestra trascendencia. Es entonces cuando aparece el Arte y lo simbólico como asidero y mapa de ruta sobre nuestras propias facultades humanas desarrolladas para entrar con seguridad y pericia en este tipo de abstracciones y de mundos. Si dejamos de pensar en conceptos, mapas filosóficos y estructuras mentales nos encontramos frente al misterio y es allí donde el ser humano se ve obligado en el mejor de los casos a volar. A atravesar creencias, a dejar atrás (lo cual no significa eliminar o destruir) mecanismos o formas de ver la realidad que le han encerrado en una caja y en un concepto de sí mismo que sólo es eso, un concepto, una imagen mental de sí mismo. Pero ¿qué es el sí mismo? ¿Qué es lo que nos forma y nos conforma y de que está hecho eso que mueve nuestros huesos y nuestros afectos?.
El Teatro siempre estuvo ligado a lo sagrado en los pueblos. El Teatro siempre ha sido fuente de conocimiento y salud. Un ritual ancestral y mágico. Cuando un actor o una actriz se prepara para dar vida a un personaje se pone directamente en contacto con sus fuerzas creativas más primitivas y elementales e inicia un viaje . El actor o actriz deja a un lado su vida ordinaria, su realidad más cotidiana su sí mismo más visto y automático para entrar en otra realidad y sostenerla y crearla mediante la propia fé en su proceso creativo. ¿No es acaso este el fundamento de cualquier religión? .
Un acto simbólico mediante el cual uno se pone una máscara, dejando otra atrás. Y curiosamente como si de las antiguas máscaras griegas se tratase, haciendo resonar y amplificar mediante la máscara la propia voz más íntima. De la mentira, de la ficción, de ese hechizo de irrealidad sostenido en el tiempo mediante la fé y la técnica aparece la verdad de lo humano. ¿No es acaso como en la vida? ¿no es algo propiamente humano el ser seres narrativos y que han aprendido a sostener ficciones mediante la fé y el juego de su propios autoconceptos y deseos? ¿ no habremos de reconocer con humildad y amor que somos creativos por naturaleza y que cuando no somos conscientes de ese poder tal vez es fácil caer en las redes del Maya como dicen los budistas y acabar viviendo vidas de mentira?.
Si el Teatro es el arte de crear Ilusiones tiene el poder de manifestarlas, de ponerlas en entredicho y en consecuencia de al menos intuir o vislumbrar ciertas verdades. El Maya o el "mundo de las ilusiones" usado para tratar de viajar hacia lo más auténtico de nuestros corazones. El Arte como regalo de los dioses para caminar entre dos mundos que parecer ser uno y entender realmente su función como una necesidad de salud psíquica, cultural y espiritual de cualquier comunidad.
De alguna manera, aprovechar la realidad de la ilusión para investigar creativamente que significa ser humano. Desarrollar y mantener mediante el ejercicio de nuestra creatividad nuestro profundo sentido de búsqueda, nuestra curiosidad más primitiva y nuestro sentido crítico frente a la situación actual del mundo. Desmantelar antiguas maneras de pensar y hacer, sacando de la sombra nuestros personajes más inaceptables, patéticos y peligrosos y honrarlos como emisarios de ese otro mundo que vienen a contarnos historias. Historias porque estamos hechos de ellas, nos sostenemos mediante ilusiones y pensamientos que están relacionados directamente con nuestra cosmovisión y con nuestro concepto de ser un hombre o una mujer en el 2017. Es por tanto para mí esencial y necesario tratar de mantener nuestra creatividad viva de la forma en que cada uno sienta y poder así estar más cerca de nosotros y de nuestras ilusiones y mentiras y, en consecuencia, estar con el tiempo cada vez más cerca de nuestras verdades más profundas.

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