Grito a la Hermandad...

            Son casi las siete de la tarde de un sábado. Estoy en casa  fumándome un cigarro mientras trato de ubicarme en todo lo que está ocurriendo. No lo entiendo. Una mujer  sabia me dijo una vez mirándome  a los ojos con una profundidad indescriptible que no tratara de agarrar la experiencia, que dejara de querer entender. Quizá en ese lugar de no saber y de incertidumbre algunas viejas verdades brillen con luz firme. Vivo en un barrio de Madrid. Sobrevivo con un trabajo mientras trato de arrojar mi amor al arte del Teatro que no es ni mejor ni peor que cualquier otro oficio. Son las siete de la tarde y acabo de salir de una reunión de vecinos de mi bloque. Una reunión donde casi dos vecinos llegan a las manos, donde se amenazan con inconsciencia y violencia abanderando la vieja bandera de lo mío es lo primero y lo único. Una reunión de vecinos donde lo más bello que se han regalado son algunas demandas y denuncias llenas de insultos y rabia. Entonces pensé, ¿por qué tanto ahínco en la diferencia y en separarse del otro? . Y me respondí a mi mismo, porque están condenados a amarse y no lo saben. La agresión, la violencia, el grito y la diferencia sólo es un grito de desesperación para decir; sí, estoy contigo ahora y sé que esto nos involucra a todos y todas y tengo tanto miedo a sentirme parte tuya que la única manera de tratar de inventarme que estoy separado de ti es mediante el odio.  Soy consciente de mi hermanad contigo mediante el odio y olvido la sed primordial .  La sed de que me veas como tu hermano, como tu hermana, como  vasijas diferentes creadas con el mismo barro. De verte como parte de mi ser y de la vida.


          Como he dicho vivo en un viejo barrio con historias tan viejas como el mundo . Me gusta. De alguna manera extraña me siento muy arraigado aquí, con estas historias a pie de calle donde nos saludamos aún sin defensas en el cotidiano.  Cuando bajo al mercado  sólo importa ese momento de comprar tres pimientos con un euro mientras le dices al tendero "estos son más gordos", o tienen mas carne o; ¡vaya! a ver si cogemos vacaciones. Ser pueblo. Cotidiano. Sencillo y amoroso.

         El barrio no siempre es así. Los eternos en los viejos bares aún sueñan sin saberlo en esa vida que quisieron vivir y que no pudieron,  porque la vida se les echó encima como una gran nevada en el alma de la cual no se han repuesto aún.  Y me pregunto, ¿Por qué tanto miedo a lo obvio? .

      Estamos juntos y nos duele. ¿Por qué? Las cosas más grandes, mágicas y prodigiosas en la Humanidad se han dado por el encuentro entre los otros, entre gentes. Por reunirnos en nombre de nuestra propia humanidad.  Ese mismo poder de estar juntos y de reconocernos en la mirada del otro es como una chispa extraña que prende mechas de difícil predicción. ¿Qué ocurre cuando ese mismo poder de hermanarnos deviene en delirio de matarnos? . Una necesidad  vieja no escuchada.  El odio no es mas que la puerta al amor que estamos condenados a sentir y sé, sé que habrá  amigos, familiares y colegas que todo esto lo entiendan como un delirio de new age. Ya lo estoy sabiendo. Pero  no estoy hablando de new age, ni de ponerse en pedo con luces e incienso . No. Estoy hablando de hermandad y de compasión, de amor y respeto. De apertura a la diferencia . De tirar de una vez por todas la creencia de que somos islas .  De mirarnos a la cara y por fin reconocernos. Sin echar la culpa al sistema o otros tantos "punchings ball".

       Vivimos en una tierra que está condenada a entenderse. Estamos juntos en un viaje extraño que es la vida. En Madrid o Cataluña. ¿Qué mas da? . Creo que la mejor patria es la que no tiene que autorreividincarse. La mejor patria está en nosotros  y nos habita como una tierra prometida a la espera de que dejemos de ser tan imbéciles. A la espera de que soltemos las armas de siempre que no son nuestras y que miremos al peor enemigo como el mejor espejo y reflejo. Campbell decía que el demonio de los otros oculta su propia divinidad. Creo que es cierto . Lo triste y lo doloroso es quedarnos sólo con esa parte diferente y que atenta contra nuestro punto de vista. Justo para seguir fundamentando y alimentado la hoguera de nuestra propia isla y punto de vista .

Entre los campos siguen matándose con vigor.
Los campos lloran porque intercambian las banderas
de una misma patria,
La patria de la voz del cielo
que entre tridentes candentes se esconde
tras colibríes desorientados con sed dulce ,
que acaban muriendo al beber de un charco de sangre.

Los bueyes y las mulas contemplan la vida que
hemos creado y las marmotas mueren encima de un bloque de hielo,
dónde el fuego de la sangre aún ruge entre palabras aladas de
un dios dorado que habita en cada gesto y llanto.

Las naciones se convirtieron en dioses airados
que quieren su lugar en el mundo.

El mundo mira desconchado y cansado, en acto de amor
ve a las naciones pasar como quién compra harina en el
mercado y se va.

Y el mundo está cansado pero su fuego siempre llama a
la única verdad .

Somos.
Tierra.
Amor .
Y levedad.

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