"Notas al borde del abismo, el cambio que nos habita, Patriarcado y Conciencia..."



           Es un hecho que de un tiempo  a esta parte se viene produciendo un renacimiento psicodélico y una apertura espiritual necesaria e imparable que tiene que ver con nuevas miradas y formas de entender la vida y con la caída de las antiguas. Estamos en un tiempo de la humanidad inestable, oscuro y profundamente cambiante, siguiendo a Bauman en su concepto de sociedad líquida, así es,  vivimos en un tiempo donde la incertidumbre reina y  el amor se nos escapa entre los dedos como agua.

        En este escenario de claroscuros  es donde se producen las semillas para el cambio. Claudio Naranjo siempre ha hablado de que nos encontramos en un barco patriarcal a la deriva que no termina de hundirse. El patriarcado se muere, pero aún estamos viviendo en sus últimas coletadas. Si unimos la metáfora de Claudio y el concepto de Bauman de sociedad líquida, nos encontramos ante un escenario que puede cambiar en años, horas o  incluso tal vez décadas, debido al profundo componente inestable e impredecible  perteneciente al espíritu de nuestra época es difícil  acertar. Todo puede pasar en cualquier momento.

       ¿Qué hacer entonces en este barco? ¿Cómo participar de un mundo nuevo ? Frente a la bandera de la incertidumbre ondeante  en nuestros corazones contemporáneos, ¿cómo encontrar un camino? . Vivimos en una época de cambios profundos, si uno está despierto. Cambios a nivel social, individual y espiritual. El individualismo se cae también. Cada vez es más claro que la nueva mentalidad que está surgiendo tiene que ver con una manera viva y holística de comprenderse y sentir la vida. Cada vez se habla y se comprende más que nuestro ego es el resultado de un mal endémico proveniente de la estructura patriarcal que tiene su raíz  en la falta de amor a nosotros mismo y por extensión al prójimo. Y que sus consecuencias son vivir una vida alineada y automática en una identidad ficticia. 

      Afortunadamente ya están  naciendo movimientos que integran el lado trascendente y espiritual del hombre  de maneras frescas, más reales y  amorosas y que ayudan a construir una sociedad compasiva y en paz. En paz no significa sin conflictos o sin problemas,  significa que el ser humano está aprendiendo a vivir la vida y todo lo que trae desde  un prisma más trascendente y global en vez tan estrecho e individual. Al fin entendemos o empezamos a experimentar que todos formamos parte de un todo. Pero es evidente que el mundo sigue en llamas. Los conflictos bélicos y el terrorismo siguen apareciendo en este escenario de cambio como las formas más dramáticas y extremas que tiene este antiguo sistema de pensamiento  de defenderse ante su inminente caída. Cómo si el monstruo diera sus grandes coletazos antes de caer por fin muerto.  Morir a un sistema de creencias, a un modelo social, político y cultural basado en el principio masculino de la conquista y la dominancia,  de la competitividad y el logro,   y nacer hacia una mirada que tiene más que ver  evocar lo compasivo y trascendente en nosotros a cada momento.

      Recuperar nuestra parte más misteriosa y trascendente, honrarla y construir una sociedad mejor no será a fuerza de voluntad y determinación.  En este punto de impass es  donde surgen nuevas maneras de vivir el amor,  como las relaciones  que no son heteropatriarcales, o las relaciones que promueven y practican el poliamor.  También surgen nuevas formas de espiritualidad que trascienden el concepto de religión volviendo a la esencia del  espíritu que tiene que ver con  la vivencia y practica de la misma sin  entenderla como un puñado de conceptos  y normas que te dictan como vivir desde un lugar únicamente intelectual.   Es una bella paradoja, entender y  expresar el amor de maneras diferentes y nuevas no está reñido con las anteriores pero nos recuerda que  esas formas están ya caducas y dan paso a otras nuevas, lo mismo pasa con la religión y la espiritualidad. Buscar las relaciones más acordes con nosotros mismos, buscar una manera propia y creativa de hacer frente al misterio y trascendencia es una tarea individual, genuina y única donde no hay cabida para dogmatismos impuestos que determinen moralmente desde un marco cultural caduco, enfermo y violento lo que es bueno o malo.  


    Pero en este movimiento de gran apertura también hay grandes sombras. El movimiento psicodélico está demostrando que tiene mucho que decir ahora y en las próximas generaciones. Pero ya se sabe que siempre que algo se manifiesta en pos del avance de la humanidad y su conciencia, también  hace su aparición en escena su opuesto  y su tendencia a la corrupción. La humanidad siempre ha avanzando asumiendo estos riesgos.  No es de extrañar que en tiempos de incertidumbre como los que estamos viviendo aparezcan profetas vendiendo la idea de los psicodélicos como la panacea a nuestros problemas. Del mismo modo que hay una tradición chamánica seria que entronca con miradas y estudios occidentales maduros y rigurosos que están desarrollando este potencial, también existen los vendedores de humo y panacea que lejos de ayudar pueden provocar serios daño para  el incauto que se preste a este tipo de prácticas.  

      Si hay algo común a toda práctica, es la mirada hacia el interior como respuesta a la problemática concreta que se plantee. Esto es, ninguna tradición  o práctica nos va a salvar de nada y va a hacer el trabajo introspectivo por nosotros que reside en sentirnos, aprender a amarnos y mirar dentro de nosotros para poder despertar cada día a nuestra realidad.  Y aquí es bajo mi punto de vista donde se puede apreciar más el gran cambio que la humanidad está dando. Venimos enseñados a mirar fuera y buscar la felicidad y el amor fuera, incluso a resolver nuestra parte más trascendente también mirando fuera a alguien con una túnica que nos dice como comportarnos por el bien de nuestra alma. Nos estamos dando cuenta por fin que nuestra alma es patrimonio de nosotros mismos  y que nadie mejor que uno mismo sabe lo que necesita.  Entonces nos encontramos en el alegre campo de la diversidad y la responsabilidad total de nuestra experiencia, donde el ego o las ideas que nosotros creemos ser se desvanecen  dando paso a lo que somos realmente a cada momento entendiendo nuestra identidad como algo flexible, dinámico y adaptativo (conciencia) en vez de algo rígido, predecible y automático.(inconsciencia)


      Un bello paso que cuesta dar. Pero que los más despiertos sin duda sentirán que estamos dando. Y aquí donde lo nuevo no acaba de nacer y lo viejo se resiste a morir(que diría aquel)  es donde nacen los monstruos.  El territorio inexplorado es desconocido por su propia naturaleza y en estas tierras donde  otras leyes rigen otro tipo de realidades e informaciones es fácil perderse.  Nos hemos dado cuenta de la necesidad intrínseca como seres humanos a enfrentar nuestro lado más trascendente  , pero no sabemos aún que al hacerlo desde nuestro viejo sistema de creencias es posible que lo que consigamos sea más gasolina para nuestra importancia personal, más separación, más sufrimiento y más ego que empiece a entender la espiritualidad  como una  sed de intensidad perpetuando el mismo sistema de pensamiento basado en la obtención y reconocimiento de nuestra parte más burda y que no hace sino estrechar más nuestra comprensión e idiotez en  aras de una espiritualidad impostada y rígida que no deja  de ser igual a lo que tenemos con otras religiones, en especial con el cristianismo más actual, católico y caduco.   Estamos pues ante un cambio de mentalidad que se está dando de una manera natural entre nosotros, y que acabara  con el sistema patriarcal de manera espontánea, como el agua que va horadando la roca al hacer camino.  ¿Cuándo? Quién sabe, pueden ser días,  meses, o incluso décadas.  Es liberador sentir que la conciencia no nos pertenece, la luz que habita dentro de nuestros corazones nos ha sido dada, nuestra manera peculiar que tenemos para relacionarnos con ella es lo que nosotros de manera inconsciente hemos aprendido a hacer al  vivir en el mundo en el que vivimos olvidándonos que nosotros no somos ese conjunto de estrategias que hemos aprendido, o al menos, no sólo eso, somos los que las han aprendido. Como diría Shakespeare "Dios os da una cara y vosotros os hacéis otra". 

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