¿Hacia dónde va el hombre? Los retos de la existencia
Vivimos en una época extraña. Como diría Bauman el amor se ha hecho agua, se nos escurre de las manos por toboganes que cada vez hacen más difícil el re-encuentro con él. ¿Por qué tanta prisa?¿Por qué tantos esfuerzos en tratar de construir hogares y felicidades de plástico y alienadas, convencionales e igual es? Del trabajo a casa, de casa al gimnasio, llevo a los niños, recojo a los niños, cuidaré de mis hijos, cuidaré de mis padres, cuidaré de que todo este sueño, toda esta ilusión siga de pie. Pero como decía Pandur, las ilusiones son dulces por su propia naturaleza y las mentiras, maravillas son. ¿Qué queda por hacer en un mundo que hace rato está abocado a su propia extinción?.
¿Dónde encontrar ese soplo de aire fresco, esa primavera perdida en los más recóndito de nuestros corazones?. Somos seres humanos en el 2016. ¿Qué tipo de conciencia impera en esta época? Rige la ignorancia, rige la fantasía y el estímulo constante, rige la distracción y el caminar como robots pensando que nunca se han de ir de este mundo. Pensando que la vida tal y como está concebida puede otorgarnos más tarde que pronto esa paz ansiada en lo más profundo de nuestro corazón.
¿Cómo podemos volver a nosotros mismos? ¿Cómo podemos volver hacia el centro mismo de nuestra humanidad con todo lo que ello conlleva? ¿Qué significa ser humano hoy? Significa conformarse patológicamente con todo lo que la vida nos trae y no producir cambio alguno en nuestro interior. Significa dormirnos a la orilla de nosotros mismos creyendo ingenuamente que mañana todo estará mejor, que un día de manera misteriosa todo se arreglará por si sólo, que yo no tengo que hacer nada. No nos damos cuenta que se nos escapa la vida a cada rato. No nos damos cuenta que no estamos aquí sólo para sobrevivir, que cada uno de nosotros tenemos cosas que dar al mundo, que tenemos potencialidades. Como diría Claudio Naranjo, nos han enseñado a vivir como gallinas cuando en realidad somos águilas.
Sin duda la situación política es precaria y falta de luz y esperanza. Sin duda la espiritualidad se mueve entre dos ramilletes igualmente afilados y venenosos. El ramillete de la forma de vivir la espiritualidad de toda la vida, automatizada y envenenada desde tiempos tempranos y que promulga un mirar al cielo como huída a la tierra lo cual no deja de ser una forma de alienación y de escapar de la vida en toda su magnitud e intensidad. Y luego tenemos los grandes iluminados de la new age que como coletazo de los años 70 resurgen hoy de nuevo quizá con más fuerza ante tiempos oscuros y de crisis dónde pueden pescar más fácilmente a sus víctimas vencidas por el desgaste, la ignorancia y el desamparo reinante. Almas descarriadas que no encuentran su sitio y van a parar a trágicos y oscuros destinos propiciados por "gurús" enfermos y completamente idos. En principio pueden parecer maneras opuestas de entender la espiritualidad, pero en el fondo son la misma cosa, sólo que a unos se les ve más el plumero que a los otros. Si a la iglesia de toda la vida peca de moralmente adoctrinadora, de controladora y de elucubrar sobre la única verdad(entre otras muchas cosas), la ola new age peca de ofrecer mil maneras excéntricas de irse de la realidad mediante prácticas basadas en la sugestión, en la introducción de múltiples terapias mezcladas cual pastiche cuya validez es siempre subjetiva para quién participa de ellas, y cuyos riesgos muchas veces no son expuestos claramente o son ocultos, revestidos eso sí, de positivismo planetario espíritu cósmico " todos somos uno" super power. ¿Todos somos uno? Y un cuerno. Lo evidente es que no, aunque estemos hecho de lo mismo y seamos parte de la misma cosa( la cuántica avanza en esta dirección) no somos todos lo mismo, luego estamos hechos de lo mismo, pero no somos lo mismo.
Toda esta situación de caos generalizado, de búsqueda febril de panaceas que alivien o den respuestas a nuestro actual malestar nos alejan cada vez más de nosotros mismos. Nos alejan de la sencillez en el vivir. Ante lo vertiginoso de nuestra era quizá nos venga bien poder pararnos en el fondo de nuestra alma y hacernos las preguntas que necesitemos. Y asumir nuestra propia podredumbre, asumir nuestras propias lagunas y demonios y dignificarlos mediante un trabajo interior honesto y saludable en el cuál uno pueda revisar como fue que empecé a ver el mundo como lo veo, ¿cómo fue la infancia? Invitar a nuestro corazón a mirar los asuntos tan olvidados pero que reinan en nosotros sin apenas darnos cuenta y que tienen que ver con nuestro niño interior olvidado y herido en la noche de los tiempos.
Y sí, la espiritualidad está y existe y las experiencias que se llaman hoy "transpersonales", también. Aunque no me gusta nombrarlas transpersonales porque creo que eso las separa de nuestra propia experiencia humana y las otorga un poder que no tienen ya que muchas veces lo que se viste de experiencia transpersonal o experiencia cumbre no son más que crisis nerviosas profundas dónde la percepción de la realidad cambia de manera transitoria y brusca permitiendo al inconsciente aflorar hacia nuestro consciente a su particular estilo creativo y extraño, como señal de que algo está pidiendo ser escuchado tal vez, algún conflicto o antiguas maneras de ir por la vida merezcan ser revisadas, quién sabe realmente. Muchas veces son experiencias profundas que parten de profundas sugestiones. Ya lo decía Goya, el sueño de la razón produce monstruos. Y estos monstruos viven en nosotros muchas veces muy denostados y enjuiciados. Relegados a un pequeño rincón de nuestra psique donde van envileciéndose y de cuando en cuando nos lanzan sus garras pidiendo ser liberados y re-encauzados acabando por fin con el gran mito de la sombra personal, desmitificando la interesante visión jungiana del ser humano como luz y como sombra y pudiendo de alguna manera coserla y entender la unidad que somos sin vivir desintegrados y esparcidos y diluidos entre nuestros propios asuntos y los de los demás. Sí, creo que hace falta estructura para vivir, individuación que llaman. Por que tras sólo asumirnos como seres humanos enteros, individuales y genuinos podremos tal vez entender que todos formamos parte de todo y que nada en sí está separado. Pero si no damos el paso de erigirnos y levantarnos y despertar al mundo como individuos propios con criterio, luces, sombras, heridas, sueños y pasiones, no podremos nunca entender que la existencia nos une a todos por igual y que todos estamos hechos de lo mismo. Creo que llega un momento en la vida en que el espejo ya no funciona. Que es inútil o poco fructuoso tratar de seguir buscándose uno a sí mismo en la mirada de los otros adoptando conductas, estereotipos, roles, personajes, y filosofías varias. Creo que llega un momento en la vida en el que la vida nos invita a recoger nuestra siembra, a recoger nuestra propia responsabilidad sobre nuestra propia vida y llegado ese momento no hay guías, métodos o técnicas que te puedan ayudar a decidir coger las riendas de tu propio potencial y honrarlo con amor, trabajo, perseverancia y Fé.
¿Cómo puede una gota volver al mar si no sabe que es un gota y que está hecha de agua? Hoy en día sucede al revés. Partimos de la idea de que todos formamos parte de un mar, lo damos por hecho sin entender realmente lo que esto significa. Nos diluimos en lo que toque, depende de nuestro momento vital. Y creo que el trabajo necesario es a la inversa, el trabajo de hoy consiste en desprenderse del mar con coraje y poder mirarse como individuo entero, genuino y original, poder saber de que está hecho uno y en ese proceso darse cuenta con suerte de que todos estamos hechos de agua y de que quizá ese uno que somos no sea más que una ilusión o una sombra, pero que de alguna extraña manera nos ayuda a caminar por este camino que llamamos vida. Lo que llamamos yo es nuestro reino, nuestro auto-concepto con todas sus trampas y colores. También con sus talentos, potencialidades y bendiciones. La guerra contra el yo o contra el ego sólo puede tener sentido en tanto en cuanto descubrimos que somos inseparables a él. La guerra contra el yo o contra el ego pasa por ver con claridad como nos han enseñado a dañarnos a nosotros mismos, como eso ha quedado enquistado en nosotros. Entonces una parte de uno mismo desea su extinción casi automáticamente-inconscientemente, la parte más neurótica lo llaman algunos, Freud habla de la pulsión de muerte y la pulsión de vida en cada uno de nosotros. Poder contemplar con distancia las ganas de morir, para luego poder amar la grieta y descubrir que lo que realmente existe tras las ganas de morir no es otra cosa sino las ganas de vivir, la llave a poder amarse más y mejor, a estar más sano y entero en la vida.
Lamentablemente en una sociedad donde lo que prima es el bienestar superficial y cómodo esto puede resultar chocante, ya que puede que estemos viviendo al revés, es posible que lo que habitualmente hoy se llama vida en realidad no sea tanta vida y quizás la muerte y sus amigos puedan encontrar mayor éxito entre la ignorancia y la tónica general y estereotipada de vivir la vida, es decir la propia costumbre de habituarse demasiado a lo cómodo y fácil y la tendencia a huir de lo doloroso y conflictivo, la tendencia a excluir de la vida lo desagradable , lo frustrante y lo doloroso nos conducen de manera irremediable a morir en vida, porque no hemos sido educados para vivir, y la vida igual que el amor real no excluye nada, lo abarca y abraza todo. Entonces no sería descabellado pensar que tras las grandes crisis y contrariedades del vivir estén los grandes maestros y la vida entendida como crecimiento e impulso vital a realizarse como individuo.
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